Opinión

La eterna incomunicación entre sanitarios

Temas relacionados:
Herramientas
Ex Presidente
de la Fundación
Pharmaceutical Care
España
|
26 abr 2019 - 14:00 h
|
<p>La eterna incomunicación entre sanitarios</p>

Siempre que una alumna comienza a hacer las prácticas en mi farmacia le digo: “A partir de ahora, el objetivo es que te conviertas en una buena farmacéutica, no en una mala médica”. Y lo mismo me lo llevo aplicando a mí mismo desde 1989. Mi objetivo ha sido el llegar a ser un buen farmacéutico (algún día lo seré). Si hubiera querido ser médico o enfermero, habría estudiado medicina o enfermería. Así de claro.

Tengo que hacer esta introducción diciendo algo que parece obvio, pero lo repetiré tantas veces como haga falta. Tengo muy claro lo que soy, me encanta mi trabajo y creo conocer perfectamente mis límites. Sé dónde están mis fronteras y nunca he tenido la intención de invadir campos que no son propios de mi profesión de farmacéutico. Y una habilidad que me encanta haber desarrollado a lo largo de mis muchos años de ejercicio es saber cuando derivar al médico . Es lo que debo hacer y lo hago feliz. “ Zapatero a tus zapatos”.

Me causa cierta frustración seguir hablando en el 2019 de un tema recurrente que colea desde tiempos inmemoriales. Pero creo que hace falta, sobre todo a raíz de ciertas polémicas groseras y absurdas surgidas de la discusión de la nueva ley de ordenación farmacéutica de la Comunidad de Madrid.

El resumen de mi percepción del problema es el siguiente.

En primer lugar, pasa el tiempo y los intereses personales y corporativos de los diferentes profesionales siguen estando por encima del bienestar de los pacientes. No nos damos cuenta de que lo mejor que le puede suceder al paciente es que trabajemos en coordinación. Y eso es lo difícil, porque rozamos. Si trabajamos codo con codo, tiene que haber zonas de conflicto. Con quien no voy a reñir es con el arquitecto municipal, lógicamente. ¿No somos lo suficientemente mayorcitos como para abordar este problema? Parece que no.

Por otra parte, la ley de garantías y uso racional del medicamento dice muy claro qué es lo que tenemos que hacer en la farmacia. Y habla, entre otras cosas, de dispensación, de fabricación y por supuesto de participar en el seguimiento de los tratamientos en cooperación con el médico. Así de claro. Por lo tanto, quien no coopera, está incumpliendo la ley, y además, como ya he dicho, el gran perjudicado es el paciente.

Además, el sistema sigue tratando al paciente como un títere indocumentado, al cual se le expropian sus datos de salud, y se le impide dar acceso al farmacéutico, de forma protegida, a datos que podamos necesitar para algo tan elemental como nuestro trabajo. Para nada más queremos datos.

Si a todo lo expuesto añadimos un sistema de receta electrónica manifiestamente mejorable, el problema se ve agudizado. ¿Nadie ha previsto que una herramienta tan potente debería servir también como plataforma de comunicación entre profesionales y no como una muralla donde ponen con una chincheta los medicamentos que pueden ser dispensados a una persona? Parece una petición imposible en 2019.

Pero es qué además, parece que los tiempos pueden cambiar para todas las profesiones menos para la farmacia. Seamos serios. Con una población tan envejecida como la que atendemos, ¿qué sentido tiene no permitir al farmacéutico ir a los domicilios? Que no vamos a ir a hacer una gasometría, ni una cura de una úlcera de decúbito ni a poner un gotero en una habitación. Ni sé hacerlo, ni quiero aprender. No es mi trabajo. Ya lo he comentado al principio, si esa fuera mi vocación, habría estudiado medicina o enfermería. Y por algo no lo hice. Quiero ir a un domicilio a ordenar un botiquín, a instruir sobre el manejo de una cámara de inhalación, o a un paciente polimedicado que está confuso. ¿A quien hago daño ejerciendo de farmacéutico en un domicilio? A nadie.

Y para acabar de mezclarlo todo con no muy buenas intenciones, si ante una solución que queremos dar se nos ataca con caricaturas, falsedades hablando de privatización de la sanidad etc., en lugar de un problema, tenemos dos. Porque si alguien no lo sabía, el servicio de la dispensación está privatizado, se rige con un modelo envidiable, y a un precio muy razonable. Los datos creo que lo demuestran.

Compañeros sanitarios, médicos, enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos clínicos... cumplamos todos la ley, apartemos los codazos, tengamos amplitud de miras , comportémonos como personas mayores y dejémonos de pensar solamente en nuestros intereses gremiales. El paciente nos está mirando, y no entiende nada. No me extraña.

Twitter
Suplementos y Especiales