“Mis productos son más caros pero se venden porque funcionan y no tienen efectos adversos”

Valentino Mercati, presidente de Aboca
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Sansepolcro (Italia)
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24 may 2019 - 05:00 h
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El presidente de Aboca recibe a El Global en sus instalaciones centrales para abordar toda la actividad que la empresa realiza y cómo ha sido su trayectoria hasta el día de hoy.

Pregunta. ¿Por qué decidió embarcarse en una compañía como Aboca?

Respuesta. Hace 40 años, cuando decidió comenzar con este proyecto, me dedicaba a un sector totalmente diferente. Me dedicaba a la venta de coches. Es un sector contaminante y que emite a la atmósfera sustancias tóxicas y no degradables. Tomé consciencia de que a lo que me dedicaba iba a causar la extinción. Por eso pensé que tenía que hacer algo totalmente diferente.

P. Es una visión muy actual para tomarla hace más de 40 años...

R. Nosotros hacemos productos que curan pero que a la vez tienen que ser biodegradables. No se habla de que cada año mil millones de toneladas de sustancias artificiales, químicas, se emiten al medio ambiente. Y estas sustancias son aún más peligrosas que el plástico. Y una de las más peligrosas son las sustancias que se generan por la degradación de los fármacos. Cuando tomamos un medicamento, no se metaboliza y salen de nuestro cuerpo por el sudor o las heces.

P. ¿Qué momentos destacaría de la trayectoria de la compañía y qué futuro espera para ella?

R. Los primeros años, cuando me di cuenta de que el mundo natural era más fuerte que el mundo artificial, a pesar de que este último lo esté poniendo en riesgo. Aún así, fui consciente de que aquello que iba a emprender no era suficiente para invertir el proceso de las cosas. En los últimos quince años, con el desarrollo de la genómica y la bioinformática se ha encendido alguna esperanza para que al menos una parte de la humanidad pueda sobrevivir. Veo que ya no hay sonrisa en tu rostro (risas).

P. Tiene un mensaje pesimista...

R. Es un hecho. Y parte del problema está en el periodismo científico. Yo fui periodista científico pero este periodismo no ha sabido romper la capa de oscurantismo en la que vivimos. No se transmiten conocimientos, sólo los mensajes que decide el poder financiero... Ni siquiera los del poder político, porque ya no existe, sólo quedan los intereses económicos. Además, el mundo académico es autoreferencial. No es nada nuevo lo que digo.

P. ¿Cuál es la relación que mantienen con la industria farmacéutica tradicional?

R. Nos aprecian mucho porque la industria clásica, que es eminentemente química, necesita de nuevas soluciones. No les quedan moléculas nuevas que puedan satisfacer las necesidades de salud. Cada día se escucha más la palabra síndrome y la farmacología de síntesis no tiene ninguna posibilidad de combatir los síndromes, que son enfermedades multifactoriales. Tenemos una colaboración con Sanofi con un jarabe para la tos para niños menores de dos años. Además trasladamos nuestro knowhow. Es una de nuestras misiones, la de conseguir métodos saludables respetando al mundo natural.

P. ¿Qué relación mantienen con éstas a nivel de investigación básica?

R. Es la relación que tenemos. Es lo que hacemos. También trabajamos mucho con hospitales pediátricos, más que con empresas. Pero quiero decir que nosotros tenemos unos conceptos únicos en el mundo y la investigación básica que hacemos es totalmente diferente a la del sector farmacéutico tradicional. Ellos la hacen a nivel artificial y nadie hace nuestro tipo de investigación a nivel epigenético. Nosotros no queremos curar sino volver a equilibrar el organismo.

P. Tienen un estudio para abordar el cáncer. ¿Qué camino quieren emprender en el área oncológica?

R. Estamos haciendo un ensayo en Toronto (Canadá) para el mesioteloma, que es un cáncer producido por el amianto. En este caso el enfoque también es diferente. Nosotros combatimos el cáncer modificando el equilibrio fisiológico.

P. Me suena a definición parecida a la que se le da a la inmunología.

R. Sí pero en inmunología se utilizan terapias artificiales, se habla de proteínas recombinantes. De todas formas la evolución del estudio de muchos cánceres no es satisfactoria. El organismo trata de defenderse de una agresión externa para poder sobrevivir pero es eso precisamente lo que hace crecer el tumor. A ver, podría decir que el tumor defiende la vida. Estamos estudiando los tumores pero hay un problema regulatorio y es que las sustancias naturales no forman parte del sistema aceptado para curar los tumores.

P. ¿Qué otras áreas terapéuticas aborda Aboca más allá de los síntomas menores o este estudio oncológico?

R. Tenemos el producto para el síndrome de colon irritable y es el único que tiene la indicación terapéutica. Además tenemos otro que va a salir pronto para el síndrome metabólico pediátrico. En 2020 llegará también otro producto que servirá para paliar las deficiencias cognitivas y otro para combatir la dependencia al tabaco.

P. ¿Han considerado mirar hacia el mundo marino para ampliar su catálogo de plantas?

R. Hemos estudiado algunas algas en colaboración con Cuba. Es un campo muy grande pero también muy complicado porque nosotros necesitamos uniformidad y eso es muy difícil bajo el mar.

P. ¿Qué dificultades se encuentra Aboca a la hora de abordar el mercado?

R. Por motivos regulatorios nosotros sólo trabajamos con productos sanitarios y complementos alimenticios. Para poder tener las indicaciones en los envases utilizamos las ciencias más modernas, como la ómica. Hace 20 años tomamos la decisión de no producir medicamentos tradicionales con nuestras plantas porque eso significa no utilizar las nuevas ciencias. Para nosotros lo tradicional no es válido científicamente; queremos utilizar la medicina basada en la evidencia, que significa tanto validar como uniformar nuestros productos. No es fácil pero nosotros lo podemos hacer y es por esta razón por la que las multinacionales se interesan por nuestro knowhow. Podrá comprobar que nuestros productos son más caros pero los vendemos porque funcionan y además no tienen efectos secundarios. En España tenemos mucho éxito.

P. En su discurso está muy presente el mundo natural. ¿Han sufrido ataques en el que los comparen con otras prácticas que no tienen evidencia científica?

R. Hace unos veinte años nos atacaron desde la industria farmacéutica tradicional porque tenían miedo. Ahora ya no lo hacen porque, primero, nos necesitan y, segundo, ya somos lo suficientemente grandes para que nos puedan atacar.

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