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ASCO y ESMO siguen limando las diferencias entre sus escalas

Un análisis elaborado por expertos de ambas sociedades ve posibilidades a una convergencia todavía mayor
Herramientas
Madrid
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18 oct 2019 - 14:12 h
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La evaluación del beneficio clínico de los medicamentos es una tarea pendiente que tiene muy preocupado al mundo de la oncología, tanto en Europa como en Estados Unidos. Hasta la aparición de las escalas de ASCO y ESMO no se disponía de verdaderas herramientas para medir este beneficio. La indiscutible utilidad de estos instrumentos se ha visto afectada por la divergencia de sus resultados, constatada en diversos estudios. Por primera vez, sin embargo, un análisis llevado a cabo por expertos implicados en los grupos de trabajo de las dos sociedades ha confirmado que, a medida que estas herramientas evolucionan, sus diferencias siguen limándose, hasta el punto de haber alcanzado el mayor grado de acuerdo hasta la fecha (dos tercios de 102 estudios analizados).

No sólo eso. El artículo Comparative Assessment of Clinical Benefit Using the ESMO-Magnitude of Clinical Benefit Scale Version 1.1 and the ASCO value framework net health benefit score, publicado en Journal of Clinical Oncology, concluye también que los factores que separan ambas escalas sugieren la existencia de enfoques potenciales para seguir mejorando la convergencia de ambos modelos.

“La conclusión del trabajo, además de estar muy fundamentada por los autores y respaldada por los expertos de ambas sociedades, señala además un deseo de los oncólogos y de otros profesionales que participan en la evaluación de fármacos, que es disponer de una escala única y bien fundamentada para valorar el beneficio clínico de los tratamientos. Es, por tanto, una conclusión prometedora en este sentido”, asegura Francisco Ayala de la Peña, miembro de la Comisión SEOM de Acceso a Fármacos.

También Carlos Camps, director de Programas Científicos de Fundación ECO y coordinador de Oncovalor, la iniciativa de Fundación ECO-EDS para liderar la promoción del beneficio clínico en España en el campo de la oncología, pone en valor los resultados obtenidos en este trabajo, ante el cual caben, sin embargo, apuntar varias consideraciones.

En primer lugar, Camps reconoce que ninguna de las dos escalas son perfectas. Para empezar, no incluyen datos de la vida real puesto que solo analizan el ensayo clínico pivotal. Además, tampoco analizan todas las variables precisas para evaluar el beneficio clínico de los medicamentos. “No sólo están la toxicidad e items de supervivencia; también hay aspectos relacionados con la calidad de vida, con el coste de oportunidad, con la carga de la enfermedad, con la opinión de los pacientes, la de la entidad pagadora... Estas herramientas se deben ver, no sustituidas, sino acompañadas de otras, tipo análisis multicriterio”, asegura.

En relación a la progresiva convergencia de las escalas, la opinión de Camps es clara. “No tienen por qué ofrecer los mismos resultados”. Esta valoración se apoya en la idea de que, a pesar de compartir la misma aspiración —proporcionar una evaluación del beneficio clínico desde un enfoque válido, claro, fiable e independiente en el análisis de los datos—, ambas escalas responden a dos realidades organizativas de la sanidad completamente distintas: la de Estados Unidos, explica Camps, es una Sanidad basada en la medicina privada y el libre aseguramiento; mientras que en los modelos sanitarios europeos el precio del medicamento no tiene tanta importancia.

Precisamente esta diferencia, explica Ayala, es la que ha llevado a los autores del estudio a plantear posibles oportunidades de mejora. “Al final, incluso para la toma de decisiones individual con el paciente, una mejor evaluación facilita las cosas para todos. Desde mi punto de vista, además, disponer de una sola escala daría mayor fuerza a las evaluaciones de beneficio clínico y permitiría hablar un lenguaje común, lo que facilitaría su incorporación formal en las evaluaciones de tecnologías sanitarias, en la toma de decisiones por las agencias evaluadoras y probablemente también en su aceptación e incorporación a la valoración de los fármacos que debemos hacer los oncólogos en nuestra práctica diaria”, asegura el experto de SEOM.

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