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Priorizar en base a la eficiencia, el cambio que (aún) no llega a la política farmacéutica del SNS

Funcas dedica un monográfico para analizar la transformación que está experimentando el sector farmacéutico
Herramientas
Madrid
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12 jul 2019 - 13:41 h
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Uno de los mayores retos del SNS es avanzar hacia una cultura del buen gobierno. Un aspecto clave para ello es interiorizar que la evaluación económica no es una opción, ni un conjunto de herramientas relativamente útil, sino parte del cambio necesario para garantizar la solvencia del sistema. Expresada por Juan Oliva, profesor Titular en el área Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Castilla la Mancha, ésta es una de las conclusiones del trabajo Medicamentos, Innovación Tecnológica y Economía, un monográfico publicado por Funcas en su colección de Papeles de Economía Española, en el que han colaborado expertos de diversas ramas del sector farmacéutico que insisten en la necesidad de que España deje de priorizar basándose en la efectividad para priorizar en base a la eficiencia.

Estudiar la transformación de la innovación en el sector resulta imprescindible y parece resumirse en torno a una palabra: valor. Como reconocen José Antonio Sacristán, director médico de Lilly España y director de la Fundación Lilly, y Tatiana Dilla, Health Outcomes and Real World Evidence de Lilly, el pago por una intervención en función del valor “se ha convertido en un objetivo prioritario de la gestión sanitaria, definiéndose valor como la mejora de los resultados en términos de salud para los pacientes por cada euro gastado”. Esto implica, según ellos, que hablar de ‘valor’ equivale prácticamente a hablar de eficiencia, “un concepto que no es sinónimo de ahorro, y que debe centrarse en la atención integral del cuidado sanitario, con un horizonte temporal suficientemente amplio”.

Para ambos, priorizar en base a la efectividad no garantiza la eficiencia. Argumentan para ello que “existen intervenciones muy efectivas y de bajo valor, e intervenciones muy poco efectivas y de alto valor” para concluir que, “de entre todas las herramientas disponibles, el análisis coste-efectividad es, probablemente, el método más adecuado para ayudar a la toma de decisiones basada en el valor, desde una perspectiva social que tenga en cuenta el coste de oportunidad”.

Ahora bien, la situación de España es un tanto especial. Es uno de los países que antes contó con directrices sobre evaluación económica, y dispone de una legislación que promueve la eficiencia como criterio fundamental en las decisiones de precio y financiación, pero en la práctica su aplicación puede considerarse anecdótica, a juicio de los expertos.

¿A qué se debe? Una primera razón, en opinión de Juan Oliva, es que la concreción de la aplicación de ese criterio no fue nunca desarrollada a efectos prácticos. “Así, la puerta se dejaba medio abierta, pero los decisores de mayor nivel no daban una señal clara sobre cómo emplear este criterio en la toma de decisiones o a qué nivel se debía situar el mismo, junto a otras consideraciones que debían ser clarificadas. La crisis económica exacerbó la necesidad de aplicar estos criterios, pero no ha sido hasta este mismo año que se ha creado el Comité Asesor para la Prestación Farmacéutica, pendiente desde 2012, o que se ha empezado a superar la opacidad en relación a las decisiones de la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos (CIPM). Pero aún queda mucho por hacer. “No sabemos si se aplica o no la evaluación económica en estos procesos ni, especulativamente, suponiendo que se hiciera, el peso que puede tener en los mismos”, prosigue Oliva.

La evaluación económica no es una opción, ni un conjunto de herramientas relativamente útil, sino parte del cambio

Precisamente otro de los autores que ha colaborado en este monográfico es Félix Lobo, catedrático de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid y presidente del mencionado organismo creado para proporcionar asesoramiento, evaluación y consulta sobre la pertinencia, mejora y seguimiento de la evaluación económica necesaria para sustentar las decisiones de la CIPM. Encargado de resumir las características de la industria farmacéutica y la economía de la I+D del sector farmacéutico, apunta que “la actual encrucijada entre innovación de alto coste, acceso a las nuevos medicamentos y sostenibilidad, exigirá reorganizar, con fundamento en conocimientos científicos, la regulación pública de los incentivos a la innovación, los precios y la financiación pública y los propios sistemas sanitarios”.

A juicio de Félix Lobo, resultará “inevitable” hacer frente al futuro con innovaciones legislativas y organizativas que exigirán reformas estructurales que serán difíciles porque afectarán a intereses creados y posiciones establecidas. “Habrá que forzar la máquina de producción de fundamentos y pruebas científicas y conseguir que los decisores basen y asienten en ellas las nuevas políticas”, asegura.

Precios por indicación

En efecto, en la era de la medicina de precisión, la irrupción en el mercado de nuevas terapias combinadas fijas o libres está aumentando y seguirá haciéndolo en los próximos años a la vista de las que se encuentran en etapa de desarrollo previo a la solicitud de autorización. Para Jaume Puig-Junoy, profesor titular del Departamento de Economía y Empresa Universitat Pompeu Fabra y vocal del Comité que preside Félix Lobo, el principal reto a este respecto estriba en proponer formas de establecer precios diferenciales de un mismo medicamento para indicaciones diferentes en función de su valor terapéutico en cada una de ellas y preservando ciertos requisitos.

A juicio de Félix Lobo, resultará “inevitable” hacer frente al futuro con innovaciones legislativas y organizativas

“Para poder informar mejor del proceso de fijación de precio y reembolso de las nuevas combinaciones, cada vez es más perentoria la necesidad de establecer con rigor formas de fijación de precio, primero, acordes con su valor terapéutico añadido. Segundo, suficientemente versátiles o dinámicas para adaptarse a ampliaciones periódicas de mayor o menor magnitud relativa del valor de los medicamentos durante todo su ciclo vital. Tercero, hacerlo en un contexto de innovación que, aunque sea incremental y de baja magnitud, es virtualmente constante. Cuarto, considerando criterios básicos consensuados de eficiencia, equidad, sostenibilidad y solvencia del sistema. Y, quinto, incentivando adecuadamente la innovación y preservando el objetivo último de contribuir a mejorar la salud y el bienestar social”, asegura Puig-Junoy.

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