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La industria de EE.UU. alerta de “barreras comerciales” que impiden el acceso a nivel global

La patronal farmacéutica describe importantes barreras de propiedad intelectual que afectan al tejido industrial
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Madrid
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15 nov 2019 - 14:51 h
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La política comercial es clave para garantizar que la industria biofarmacéutica pueda continuar avanzando en la investigación, desarrollo y comercialización de nuevos medicamentos. Por ello, desde la patronal de la industria innovadora de Estados Unidos, PhRMA, alertan de la existencia de “una serie de barreras comerciales, medidas discriminatorias y el incumplimiento de los compromisos internacionales que impiden el acceso” a estas nuevas terapias.

En concreto, la patronal ha presentado ante la Oficina del Representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) el informe 2020 National Trade Estimate Report on Foreign Trade Barriers (NTE), donde se describen importantes barreras, tanto en el acceso al mercado como de la propiedad intelectual, en varios mercados extranjeros. Estas, aseguran desde la PhRMA, “ponen en grave peligro la industria biofarmacéutica de EE. UU., socavan la innovación científica, amenazan la capacidad de las empresas para desarrollar medicamentos que salvan vidas y ponen en riesgo los empleos y las exportaciones estadounidenses”.

Estas barreras incluyen, según la patronal, prácticas que niegan el acceso justo y equitativo al mercado (por ejemplo, controles de precios gubernamentales y políticas discriminatorias de fijación de precios); prácticas que socavan la protección de la propiedad intelectual de los Estados Unidos ( restricciones de patentabilidad, licencias obligatorias o fallos en la regulación de protección de datos) y barreras de localización (como pueden ser las transferencias tecnológicas obligatorias y prohibiciones de importación de facto).

Los casos más alarmantes se sitúan, tal y como se define en el informe, en Canadá, Japón, Corea y Malasia. En el caso de Canadá, el informe asegura que el país emplea políticas gubernamentales de fijación de precios que no valoran ni incentivan adecuadamente la innovación biofarmacéutica. Por ejemplo, la Junta de Revisión de Precios de Medicamentos Patentados del país, que regula los precios tanto en los mercados públicos como privados, anunció recientemente cambios “draconianos” destinados a establecer los precios en los niveles pagados por los países menos ricos.

También cita el caso de Japón, que modificó recientemente sus políticas de precios de una manera que “socava significativamente la investigación y el desarrollo global y discrimina a las empresas no japonesas”, asegura la patronal. En particular, apunta el citado informe, los criterios de elegibilidad revisados ​​para el programa Price Maintenance Premium darán como resultado que algunos de los medicamentos más innovadores de los Estados Unidos estén significativamente infravalorados en el mercado.

En el caso de Corea, la patronal denuncia incumplimientos reiterados de las obligaciones establecidas en su acuerdo comercial con Estados Unidos. Por ejemplo, especifica, las evaluaciones de tecnología de salud requieren umbrales “irrazonables” para la rentabilidad, y el precio de referencia internacional compara “inapropiadamente” medicamentos innovadores con competidores genéricos y fuera de patente.

Licencias obligatorias

Por último se encuentra Malasia, que ha apostado por emitir licencias obligatorias. Se trata, aseguran desde la industria estadounidense, de “medidas gubernamentales drásticas para romper las patentes de productos innovadores sin el consentimiento del titular de la patente”. El gobierno, señalan las compañías, “no muestra signos de poner fin a esta práctica discriminatoria y está considerando una legislación que debilitaría aún más la aplicación de patentes”.

Cumplir las reglas

Por todo ello, la patronal que aglutina las compañías farmacéuticas de EE.UU. propone cinco acciones específicas encaminadas a acabar con estas barreras. Así, piden que el Gobierno estadounidense haga cumplir y defienda las reglas internacionales, regionales y bilaterales existentes; que asegure compromisos firmes en las negociaciones comerciales que se realicen en todos los ámbitos geofráficos; que acabe con las prácticas discriminatorias de fijación de precios y reembolso; que se combata la proliferación mundial de medicamentos falsificados y que construya y fortalezca la cooperación global.

Canadá, Japón, Corea y Malasia son, para la PhRMA, ejemplos de muchos países con políticas “que amenazan la innovación biofarmacéutica”. Estas prácticas detectadas, además de negar el acceso justo y equitativo al mercado y socavar la protección de la propiedad intelectual de Estados Unidos, suponen para las compañías una forma de eliminar “sustancialmente los incentivos de inversión que son necesarios para impulsar el descubrimiento y la distribución de nuevos tratamientos que aportan curas para millones de pacientes en todo el mundo”.

Por último, las compañías farmacéuticas del país advierten que eliminar estas barreras comerciales “discriminatorias” en los mercados extranjeros podría traducirse en un aumento en la inversión que realizan en la investigación y desarrollo de nuevos productos, ayudando a reducir costes de atención médica en todo el mundo.

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