El debate electoral no se olvida de la sanidad pero no profundiza en el problema real

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Madrid
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05 nov 2019 - 10:47 h
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Los debates electorales del pasado mes de abril dejaron a la sanidad muy tocada. Apenas tuvo menciones y las que tuvo estuvieron salpicadas de clichés ideológicos. Ayer, en el único debate de una campaña electoral express, la sensación fue muy distinta, aunque el debate de fondo siga sin preocupar demasiado a los candidatos a la presidencia del Gobierno. Hubo muchas menciones e incluso la sanidad fue protagonista de ‘encontronazos’ entre los aspirantes pero todo quedó en un escaparate bien iluminado al que le falta espacio.

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, recuperó su programa electoral y recordó las propuestas sanitarias que contiene: la eliminación de copagos, la inclusión de la salud bucodental en la cartera de servicios, mejoras para la salud mental... Un totum revolutum que implica mayor presión financiera sobre las comunidades autónomas y que no tuvo ningún analgésico entre el discurso del candidato socialista. Lo mismo le pasó a Pablo Casado (PP), quien se comprometió a reducir las listas de espera (¿cuáles?) a 30 días sin ninguna mención al cómo. Sea cual sea la fórmula que tenga en la cabeza el candidato del Partido Popular, lo cierto es que los caminos más rectos implican un aumento de la plantilla de profesionales, algo que tendrán que presupuestar las comunidades autónomas.

Desde Ciudadanos, Albert Rivera repitió el mismo argumento sanitario del pasado mes de abril: la tarjeta sanitaria única. La respuesta a esta promesa fue contrarrestada por Pablo Casado, quien le recordó que fue la ex ministra Ana Pastor la que le implantó hace ya más de quince años. Por su parte, Pablo Iglesias quiso poner en valor a la sanidad española por su carácter universal y prometió, dentro del bloque de cohesión social que protagonizó Cataluña, que en la ‘España vaciada’ hacía falta que se desarrollara la atención sanitaria a domicilio. El líder de Podemos también recibió críticas de Pedro Sánchez, quien le recordó haber tratado al Ministerio de Sanidad como un florero durante las negociaciones de gobierno del pasado verano.

Por último, Santiago Abascal (VOX), quien se estrenó ayer en un debate electoral al disponer ya de representación parlamentaria, propuso reducir la universalidad del sistema sanitario a los inmigrantes que llegan a España de manera ilegal. El líder de la formación ‘verde’ calculó que eso ahorraría unos 1.000 millones. Sin embargo, los estudios conocidos ya hicieron rectificar al PP en 2015 de esta política al llegar a la conclusión de que era más caro (y más peligroso desde el punto de vista de la salud pública) atender directamente en urgencias que en atención primaria.

Hasta aquí llegaron las propuestas más destacadas pero nadie se preocupó del problema real de la sanidad. El envejecimiento de la población y la cronicidad abocan a un mayor gasto público sanitario, algo que para poder acometerse con garantías necesita de una reforma del sistema de financiación que fue el gran olvidado de la noche de ayer. Mucho ruido y pocas nueces, pensarán los responsables sanitarios de las comunidades autónomas.

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