Venta, donación o regencia de la botica: el dilema del titular a la hora de ‘colgar la bata’

Para los expertos, la actual “fiscalidad favorable” sitúa a la venta y posterior reinversión de los ingresos como la mejor opción
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19 feb 2016 - 15:00 h
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Las diferentes leyes de ordenación farmacéuticas autonómicas no obligan al boticario titular a su jubilación obligada, aunque la mayoría de ellas si establecen criterios a cumplir para mantener la licencia al alcanzar determinada edad, como la contratación de un adjunto—a los 65 o 70 años, según la región—. Ahora bien, por muy vocacional que sea esta profesión, que lo es, todo farmacéutico tiene derecho a ‘colgar la bata’. Una vez tomada esta decisión: ¿cuál es la mejor opción para su botica?

Según se puso de manifiesto en un encuentro organizado el 16 de febrero en Madrid por Gómez Cordoba Abogados, son tres las opciones entre las que puede elegir el titular que desee jubilarse: venta, donación o regencia de la botica. En opinión de Rosa Gómez Soto, socio-fundadora de este despacho, a tenor del contexto económico y legislativo actual, la mejor de ellas sería la “venta y posterior reinversión de los ingresos generados en un producto financiero como la renta vitalicia”. En concreto, desde el pasado 1 de enero de 2015 existe una “fiscalidad favorable” que, por ejemplo, permite que aquel farmacéutico que desee vender su patrimonio puede quedar exento de tributación si contrata una renta vitalicia dentro de los seis primeros meses tras la venta, con el límite de exención situado en los primeros 240.000 euros de impuestos. Incluso, a mayor edad, mayores son los beneficios para el titular vendedor que contratase una renta vitalicia.

La donación es otra de las opciones que cuenta en la actualidad con beneficios fiscales para el farmacéutico titular que desee jubilarse, si bien debe cumplir en este caso una serie de condicionantes: tener al menos 65 años, que el ejercicio en la farmacia haya sido su actividad principal el ejercicio precedente (más del 50 por ciento de sus rentas en el IRPF) y dejar de ejercer. Eso sí, el donatario —cuya horquilla abarca lazos sanguíneos o afinidad, hasta incluso sobrinos políticos— debe conservar la farmacia durante diez años “o bien abrir en ese periodo un negocio tasado en igual o superior valor”, apunta la socio-fundadora de Gómez Córdoba Asociados, además de destacar que “más importante que el impuesto que debe pagar el donatario es el impuesto que deja de pagar el donante”.

Por su parte, la regencia (con la obligada contratación de un profeisonal que asume las responsabilidades) es la única opción para aquel titular que desee jubilarse, cobrar una pensión y mantener la propiedad.

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