Las dos caras del estudio de AIReF

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17 may 2019 - 13:07 h
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El ‘pro’ es su apuesta por la eficiencia. A la contra juega su creencia en que el gasto farmacéutico es ineficiente, cuando las proyecciones apuntan a un crecimiento controlado

Resulta muy complicado valorar, en unas líneas, un informe de tanta enjundia como el Spending Review sobre gasto de receta. La AIReF también lo pensó, con la diferencia de que ellos no tenían límite de espacio. El resultado han sido nada menos que 371 páginas que analizan un proceso de gasto en el que, según su prólogo, “intervienen muchos agentes” y cuyo análisis, por tanto, “implica tener en consideración una amplia variedad de cuestiones” que “influyen en los profesionales sanitarios —fundamentalmente en las prescripciones de los médicos y en la dispensación de los farmacéuticos— y en los pacientes, que son en última instancia quienes consumen los medicamentos”. ¿Se ha tenido en cuenta la opinión de estos colectivos? Todo apunta a que no, y ése es el gran hándicap de un estudio que, como todo, tiene sus pros y sus contras.

El gran ‘pro’ del Spending Review es su irrebatible apuesta por la eficiencia. Aquí se enmarcan un buen puñado de recomendaciones —muchas no han sido tenidas en cuenta por el Gobierno—, como la apuesta por evitar duplicidades a la industria en cuestiones de evaluación, por mejorar la coordinación entre administraciones sanitarias o por atender a una reivindicación histórica de la profesión farmacéutica como es el reconocimiento de su labor en adherencia mediante el pago de servicios profesionales.

A la contra juega su creencia en que el gasto farmacéutico es en sí ineficiente, cuando las propias proyecciones de AIReF apuntan a un crecimiento controlado. De ahí el tufo economicista de ciertas medidas que conducen de nuevo a una política basada en el ahorro cortoplacista y a la lucha partidista asociada a las subastas. Aquí es donde se nota que AIReF no tuvo en cuenta la opinión de todos los colectivos que podrían verse afectados por sus recomendaciones. El triunfalismo con el que habla de las subastas andaluzas solo atiende al ahorro. AIReF ha obviado las repercusiones sanitarias reiteradas por sus múltiples detractores. Y seguramente si hubiera hablado con otros agentes del sector, quizá el estudio incluiría la mención a que la factura farmacéutica es, más que un gasto, una inversión rentable a medio y largo plazo desde el punto de vista económico y social que ha venido a cubrir carencias de inversión pública en otras áreas de gasto sanitario, como la prevención.

Todo apunta a que AIReF no consultó a todos los agentes que podrían verse afectados por sus propuestas

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