La Sanidad ha comenzado a recorrer una ruta que no requiere de piolets, ni de mosquetón, pero que aún así se asemeja más a una ruta de montaña que a una de senderismo.
| 2019-03-29T12:47:00+01:00 h |

El Global Gender Gap Report (Índice de Brecha Global de Género) del Foro Económico Mundial se publicó por primera vez en el año 2006 como un marco para medir las disparidades de género en los países mediante cuatro subíndices: Participación económica, Logro educativo, Salud y supervivencia y Empoderamiento político. Desde entonces, la brecha general de género se ha reducido en un 3,6 por ciento a nivel global pero, al ritmo actual de cambio, llevará 108 años cerrar la Brecha Global de Género, actualmente del 68 por ciento. Ello se debe en parte a una tendencia observada en 2018, cuando la reducción fue solo del 0,03 por ciento, un progreso extremadamente lento, para desgracia de todos, de cara a conseguir el quinto objetivo de desarrollo sostenible de la ONU.

Aunque la dirección general del viaje es positiva —89 de los 144 países incluidos en el Global Gap en 2017 y 2018 han cerrado marginalmente su brecha— 55 países han retrocedido. Dentro del cómputo de Global Gap, España ocupa el puesto 29. Ha bajado cuatro posiciones y eso debería llevar a la reflexión, tal y como se apuntó en la que ha sido la primera parada oficial de la ‘Ruta del talento femenino’.

Pero la realidad es que hubo mucho más que reflexión. Si algo cabe destacar de la primera etapa de esta peculiar ruta es la coincidencia, fuera de cualquier tipo de facción política, de la imperiosa necesidad de pasar a la acción. Se conocen las cifras, se conocen las realidades y se trata de cambiarlas. Las propuestas recogidas constituirán la primera hoja de ruta formal para impulsar el talento femenino en la Sanidad española. No se trata solo de cuotas, aunque quizá sean necesarias para normalizar (que se lo pregunte, si no, a Islandia, Noruega, Suecia y Finlandia, los cuatro países nórdicos que lideran año tras año los índices mundiales), sino de alcanzar la paridad como necesario equilibrio que beneficiará a todos, tanto social como económicamente. Esta conciencia tendrá que ser global, o no funcionará.

La Sanidad en su conjunto, representada por mujeres y hombres de la Administración, de la industria farmacéutica y de la academia, ha comenzado a recorrer esta ruta, que no requiere de mosquetón, ni de piolets, ni de tirolinas, pero que aún así se asemeja más a una ruta de montaña que a una de senderismo.

Las propuestas constituirán la primera hoja de ruta formal para impulsar el talento femenino en la Sanidad