Opinión

El efecto perverso (y paradójico) de recortar la inversión en medicamentos

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Editor de EG
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07 jun 2019 - 13:18 h
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Aplicar reducciones sobre el gasto en recetas afecta al tejido industrial, investigador y de empleo. Y al paciente.

<p>El efecto perverso (y paradójico) de recortar la inversión en medicamentos</p>

España está siendo observada por las autoridades económicas de Bruselas por unas propuestas expansivas de gasto que incrementan partidas destinadas a programas de ayuda, subvenciones, familia, parados, becas... Nadie duda del impacto que la mayor parte de estos gastos tienen en el bienestar de las personas. ¿Y el medicamento? No hay nada más social que tratar a un paciente. Sin embargo, es un gasto social que tiende a recortarse vía las propuestas de AIReF.

El Spendig Review sobre gasto de receta olvida el impacto positivo que tienen los medicamentos en la salud de las personas. La manera de estudiarlo con método científico es analizar los resultados en salud. Desde AIReF han afirmado que “un medicamento que cura, ahorra muchos gastos que no son en farmacia” pero hay muchos medicamentos que son eficaces, aunque no curen: disminuyen los brotes, los factores de riesgo, disminuyen efectos adversos, previenen la propia enfermedad, atenúan sus síntomas o permiten recuperar su vida a muchas personas. No todos los medicamentos curan, pero todos tienen un impacto en resultados de salud.

El actual contexto de restricción presupuestaria se ha producido por un incremento del gasto, y hay dudas razonables (del Banco de España y la Comisión Europea) de que los PGE de 2019 son optimistas en los ingresos. El contexto económico mundial no ayuda: en plena guerra comercial de USA y China, no vamos a ver este año el repunte de tipos de interés y se van a mantener cercanos al cero hasta mediados de 2020, y quizás más allá, dicen los analistas. Esto trata de paliar una más que probable crisis a la vista y que sea la inversión la que estimule el crecimiento, a través de créditos fáciles.

Con el aviso de la inminente ralentización de la economía, hay que pensar muy bien en el gasto social que resulta más eficiente. Por eso Farmaindustria pide analizar el valor que aporta la inversión en medicamentos a largo plazo, y no centrar el análisis en el corto plazo. Años de vida ganados, ahorros para el sistema sanitario, incremento de la productividad laboral... Pero aún hay más: el impacto en el tejido productivo (plantas de fabricación), investigador (investigación pública con fondos privados, investigación privada del sector) y laboral (personal de alta cualificación y puestos de trabajo generados en industria y farmacia). El modelo farmacéutico español tiene muy bien atados muchos de estos retornos, y el convenio firmado con el Gobierno en relación al PIB previene crecimientos algo más altos, aunque así sea difícil que la innovación llegue de manera fluida.

Con todo este contexto, afirmar por parte de la AIReF que se pueden recortar más de 1.000 millones no deja de ser una simplificación excesiva de un problema complejo. Por ejemplo, analizar el gasto en recetas como un elemento aislado de otras cuestiones es ficticio. El hecho de una receta dispensada, y con el seguimiento farmacoterapéutico adecuado, tiene un impacto más allá de la misma, en salud pública y prevención, y facilita una menor necesidad de consumo de medicamentos (es lo que tiene que mejore la salud de las personas). En definitiva, aplicar reducciones sobre el gasto en receta para cuadrar unas cuentas que contemplan un mayor gasto social puede entrar en contradicción y provocar un efecto perverso. El sector, los pacientes y los resultados en salud están en el centro de dicho efecto perverso.

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