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Antonio Bernal, presidente de Honor de la AGP
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LA FICHA: Abogó por la participación en mayúsculas para que el paciente se sitúe realmente en el centro del SNS Su participación en el Plan de Hepatitis C supuso un antes y un después para los pacientes
Madrid
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10 may 2019 - 12:00 h
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Quien haya tenido la oportunidad de cruzarse en la vida con Toni Bernal sabe que hoy es difícil escribir en pasado. El cinco de mayo el presidente de Honor de la Alianza General de Pacientes fallecía a los sesenta años en Barcelona. No superó su segundo trasplante de hígado.

A veces la gente normal hace cosas extraordinarias, y su trayectoria en el movimiento asociativo de los pacientes es todo un ejemplo de ello. La enfermedad le impulsó a aflojar las riendas de un negocio familiar para asumir discretamente el liderazgo de una gran empresa, la defensa de los derechos de todos, porque antes o después, recordaba Bernal, todos somos pacientes. Lo hizo primero como presidente de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados de Hígado (Fneth), y desde 2013 como presidente de la AGP.

Si en la historia de este movimiento asociativo Albert Jovell grabó a fuego la necesidad de humanizar, Antonio Bernal recogió el testigo como voz de los pacientes para hablar de participación, con mayúsculas, como única vía para situarles, en la práctica y no en la teoría, como remarcaba, en el centro del sistema.

Un mantra que no se cansó de repetir desde su llegada a la presidencia de la AGP en todos los foros en los que fundaciones, entidades sanitarias o administraciones públicas reclamaban su presencia, sabiendo de que encontrarían una aportación siempre constructiva y un mensaje conciliador.

Amable, comprometido, trabajador incansable y tenaz, Bernal hizo cuanto estuvo en su mano por buscar puntos en común en un entorno fuertemente atomizado. Su esfuerzo titánico por integrar a las tres grandes entidades del colectivo en una única Mesa Estatal de Pacientes no quedó en el aire por su parte. Hasta en cinco ocasiones animó a todos los responsables a sumar en esta iniciativa.

En el ámbito institucional no le quedó una puerta a la que llamar. Su constancia y el buen talante político hizo que, por fin se abrieran algunas de ellas, entre otras la sede ministerial del Paseo del Prado. Ejemplo de ello fue su participación en el diseño y puesta en marcha del Plan Nacional de Hepatitis C, que hoy en día supone todo un ejemplo para el resto de países de nuestro entorno. Su implicación para que todos los pacientes pudieran disponer de unos tratamientos que, por primera vez, curaban esta patología de forma equitativa fue realmente modélica.

Su trabajo en este Plan supuso un antes y un después en el papel que los pacientes desempeñan en el SNS. Hoy todo el sector recuerda su constancia y lucha. Descanse en paz.

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